Saltar la tranquera: cómo mejorar la representación del agro en la política
Saltar la tranquera, hablar con el resto de la sociedad, organizar con fundamentos técnicos la agenda de debate parlamentario; tomar el ejemplo de Brasil, donde el fortalecimiento del agro como actor político contribuyó a que ese país se convirtiera en potencia agroindustrial. Esas fueron las consignas principales que surgieron del panel “Del potencial a los resultados”, que giró en torno de la necesidad de la cadena de valor del agro de profundizar su trabajo de relacionamiento con los decisores políticos, focalizando en la tarea que desde hace años viene desarrollando la Fundación Barbechando.
“En este siglo, el consumo de alimentos a nivel mundial creció más de 50%, pero como país no lo aprovechamos”, se quejó Germán Weiss, productor de la localidad bonaerense de América. “A diferencia del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) o de la promoción de Tierra del Fuego, el agro tiene también un régimen especial pero que funciona al revés”, se quejó. Y puso como ejemplos a Estados Unidos y Brasil, donde el apoyo al sector moviliza el 0,5% y 0,4% del PBI, respectivamente. En la Argentina, en cambio, esa relación es negativa en 0,9%. Es decir, en lugar de apoyo, hay trabas.
Para Weiss, esto no es ajeno a que “la sociedad argentina discute paradigmas equivocados”. Por caso, mencionó, “se dice que el campo no crea empleo porque el INDEC sólo mide el trabajo rural y no la cadena: sólo el complejo maíz -indicó- genera 300.000 puestos de trabajo, mientras la industria automotriz tiene menos de 100.000”.
Las retenciones a la exportación de productos agropecuarios son una muestra de esta falencia explicativa. “Durante muchos años no supimos explicar que las retenciones fueron dramáticas para el país y no solo para la producción”, subrayó. En ese sentido, contó la experiencia de su localidad, en la que luego del conflicto de la Resolución 125 se construyó una mesa público-privada con autoridades del municipio para armonizar las discusiones sobre el sector. “Los productores jugamos mucho a la defensiva: hay que salir a mostrar y a demostrar con números lo que hacemos”, arengó.
El diputado nacional Luis Picat, que llegó al Parlamento luego de un recorrido como dirigente de la Sociedad Rural de Jesús María e intendente de esa ciudad cordobesa, destacó la necesidad de que los productores se involucren no sólo en la política partidaria, sino en las organizaciones de la comunidad. “Hace falta más participación en las entidades y comunidades, hay que salir de la tranquera”, subrayó.
El legislador recordó que durante su labor parlamentaria conoció a muchos de sus pares de las distintas provincias, que “saltan enseguida a defender a sus territorios cuando se debate alguna ley que afecta a sus sectores productivos”. Sin embargo, opinó, hace falta dar un salto para pasar de defender algún sector a “representar a la agroindustria como un solo encadenamiento productivo”.
En ese sentido, valoró el desarrollo de la Fundación Barbechando, por su labor de docencia en la agenda parlamentaria. “Antes del conflicto de la 125, no teníamos representación política; la Mesa de Enlace nos dio esa representación, pero ahora tenemos esta herramienta que permite que cada uno de los legisladores tenga conocimiento del agro”, dijo.
Federico Zerboni, presidente de Maizar, destacó la labor de Barbechando, precisamente porque “hace docencia con los legisladores, sin buscar pelea”. Y puso como espejo el caso de Brasil, que cuenta con una bancada mayoritaria de legisladores vinculados a la agroindustria, que lleva a la discusión de políticas públicas la visión del sector más potente de la economía de ese país.
La experiencia brasileña
Paulo Bertolini, presidente de Abramilho, la entidad que reúne a la cadena de valor de maíz en Brasil, contó la experiencia de esa representación parlamentaria. “Cuando volvió la democracia a Brasil, esa bancada no existía, pero los ruralistas se empezaron a juntar para enfrentar el problema de las ocupaciones de tierra”, recordó.
“En ese tiempo, Brasil no era una potencia del agro: era importador neto de alimentos. Pero luego vino la biotecnología, la siembra directa, la infraestructura y la expansión productiva”, señaló. El Frente Ruralista, contó, fue la primera experiencia de bloque parlamentario que, integrado por miembros de distintos partidos, comenzó a representar al agro. “Pero la mecánica era la de muchos sectores que reclamaban por sus problemas micro, muchas veces compitiendo entre sí”, explicó Bertolini, productor del estado brasileño de Paraná.
La nueva era de la representación política del agro llegó con la creación del Instituto Pensar Agro (IPA), “un ente técnico de apoyo a los legisladores, pero sobre todo una herramienta política que organiza la agenda de discusión del agro en el Parlamento”, describió. El instituto está conformado por más de 50 entidades vinculadas a la actividad agropecuaria en Brasil, y cumple un papel fundamental como ámbito de discusión y consenso para presentar posiciones unificadas en el Congreso. “En Brasil los diputados del agro son 330, sobre un total de 500, y los senadores son 44, sobre un total de 88”, remarcó.
La organización permitió traducir en peso político un peso económico que se verifica en dos números: “La agroindustria representa el 30% del PBI y el 50% de las exportaciones” de Brasil, indicó. Y subrayó: “El fortalecimiento parlamentario del ruralismo brasileño le cerró el espacio en Brasil a cualquier idea de poner retenciones o restricciones a la exportación”.
Con amable ironía, pero también preocupación, el presidente de Abramilho señaló: “Las políticas contra el campo en Argentina han ayudado mucho al crecimiento del agro en países como Brasil, Paraguay y Estados Unidos”. Pero al mismo tiempo aconsejó a los productores locales involucrarse en política y encontrar “los puntos en común a partir de los cuales generar consenso”. Uno de ellos, subrayó, es “explicar que el aumento en la producción de alimentos es la mejor forma de combatir la inflación”.
Buscar consensos
Al respecto, Alejandro Cacace, secretario de Desregulación de la Nación, recordó que “cuando vivíamos con inflación y tipos de cambio diferenciales, la lógica de la discusión sobre políticas agropecuarias era de suma cero, cada sector buscaba salvarse o quedarse con su porción”. Ahora, “con estabilidad y crecimiento, tenemos que cambiar el chip para actuar con las nuevas reglas, por eso es importante el cambio de actitud”.
El funcionario puso como ejemplo la discusión sobre el régimen de propiedad intelectual en el mercado de semillas. “Hicimos una visita al que sería el INASE uruguayo y nos sorprendió cómo los productores y los obtentores están sentados a la misma mesa”, señaló. Y adelantó que en los próximos días el Gobierno “sacará una habilitación para permitir la fiscalización de semillas por parte de los propios privados, y en junio se integrará una mesa para discutir una nueva ley de semillas y la adhesión a UPOV 91”.
Cacace utilizó la discusión sobre el mercado de semillas para señalar la necesidad de que los actores del agro comiencen a buscar acuerdos. “Pensar colectivamente en nuestra productividad, hay que discutir la baja de retenciones, pero también los incentivos a la innovación”, apuntó. Desde su punto de vista, “es impresionante la pérdida de productividad que provocó no respetar la propiedad intelectual; el caso más claro es el maíz, cuya productividad creció al 1,1% anual, en forma casi equivalente a la de Estados Unidos, mientras que la productividad de la soja en la Argentina, donde no se pagan regalías, creció a la mitad”. En ese punto, el presidente de Maizar recordó que esta asimetría también tiene que ver con que “la soja es el producto más castigado por las retenciones”. Y al mismo tiempo subrayó la necesidad de alcanzar consensos en las cadenas de valor para que el agro pueda presentarse “con una sola voz” frente a la política.
La necesidad de involucrarse y participar fue clara en el panel. “Hay que salir a comunicar estos cambios para que la sociedad entienda: hay 25 millones de hectáreas en el país que no se siembran porque el productor no tiene las condiciones que sí tienen los países vecinos”, dijo Weiss. Y recordó que “el agro es la producción más federal que hay, en Brasil, el crecimiento poblacional desde los ’90 hasta 2022 fue del 38%, pero en el mismo período, el Matto Grosso aumentó su población 80%”. Y concluyó: “Todos queremos más interior y menos conurbanos; si tuviéramos el RIGI, produciríamos el doble”.
Deja un comentario












