Sudeste bonaerense: Cayo la producción de papa, pero para los productores no es una mala noticia
Un informe sobre producción de papa en el sudeste bonaerense, explica que se redujo un 12% la superficie y el sector apuesta a un cambio de lógica productiva para recuperar precios
El cultivo de papa en la Argentina comienza a transitar una etapa de reacomodamiento después de un 2025 que dejó pérdidas, sobreoferta y una fuerte caída de precios. En el sudeste de la provincia de Buenos Aires —epicentro de la producción nacional— el nuevo relevamiento satelital confirmó una reducción en la superficie sembrada que no solo era esperada, sino también necesaria para el propio sector.
En concreto, la campaña 2025/2026 muestra una caída del 12%: de 38.177 hectáreas implantadas el año pasado se pasó a 33.722 hectáreas en la actualidad. Un ajuste que refleja, en los números, lo que los productores venían anticipando en el campo.

En ese escenario, la Fiesta Nacional de la Papa en Nicanor Otamendi volvió a convertirse en punto de encuentro de los productos para analizar el presente y proyectar el futuro de una actividad clave en el sudeste bonaerense y conocer los resultados del relevamiento satelital que todos los años realiza el INTA sobre la siembra del Sudeste de Buenos Aires
La reunión de productores estuvo encabezada por el presidente de la Federación Nacional, Alfredo Pereyra, , junto a José Linares , Miguel Campetella, Mario Raiteri, vicepresidentes de la entidad , este último también secretario de Coninagro y el director Juan Manuel Ferreiro.

Pereyra, resaltó y agradeció la presencia en la reunión de Lucas Magnano , presidente de Coninagro, entidad de la cual forma parte la Federación , remarcando el permanente acompañamiento e involucramiento de la Confederación en la problemática de los productores.
“Tenemos este informe satelital de la siembra del sudeste y nos da 5.000 hectáreas menos. Eso es muy bueno. Uno pensaría: ‘¿cómo, sembraron menos y están contentos?’. Bueno, hacía falta que sembráramos menos y que tengamos menos papa, porque venimos de un año realmente desastroso de precios, con un exceso de papa que no se consumió y se tuvo que tirar”.
Lejos de ser una señal negativa, la reducción aparece como el primer paso hacia un reequilibrio del mercado.
El mapa productivo: dónde se ajustó la siembra
El recorte no fue homogéneo. Balcarce redujo su superficie un 16%, General Alvarado un 17% y General Pueyrredón lideró la caída con un 19%. Tandil bajó un 14% y Benito Juárez un 13%, mientras que Lobería mostró un ajuste más leve del 5%.
La excepción fue Necochea, que creció un 32%, lo que evidencia movimientos internos dentro de la región. Azul, en tanto, prácticamente no registró cambios.
Este comportamiento confirma que el sector ya venía anticipando la necesidad de sembrar menos.
“Yo creo que no sorprendió porque realmente todos estábamos medio convencidos de que se había sembrado menos. Y también porque lo que estamos cosechando da muy poco, y las otras papas que se están yendo muy pronto no van a tener cosecha. Era una noticia que esperábamos”, sostuvo Pereira.

Clima, rindes y una campaña condicionada
La menor superficie se combina con una campaña atravesada por condiciones climáticas adversas que impactaron directamente en los rindes.
“Las papas tempranas han tenido muy poca producción por las grandes lluvias, por los excesos de agua. Las papas intermedias no se pudieron sembrar, las de época tampoco por el agua. Después no llovió más, las tardías se sembraron tarde y se han ido muy pronto, con muy pocos días de ciclo. También van a tener un rendimiento menor”, describió.

Este escenario refuerza la idea de una menor oferta total, que podría traducirse en una mejora de precios.
“Creemos que vamos a tener un año de buenos precios”, agregó.
Costos en alza y un contexto global incierto
Sin embargo, el frente económico y externo sigue siendo una preocupación central para el sector.
“Nos está complicando mucho. No sabemos cuándo va a terminar esto, porque mientras siga la guerra van a seguir los aumentos de combustible, de agroquímicos, de fletes. Hoy estamos vendiendo con precios que están ahí, al borde, y no tenemos precios de fertilizantes. No hay. Querés comprar y no hay. Los combustibles ya aumentaron un 10%. Estamos complicados”, advirtió.
A esto se suma un escenario internacional cada vez más competitivo para la industria.
“Eso es casi lo que más nos preocupa. Brasil, que era el gran comprador de papas prefritas, hoy está siendo abastecido por Europa. Las ventas cayeron al 50%. Y Europa tiene precios muy baratos por la entrada de China, India, Marruecos y Sudáfrica. Han inundado el mercado y eso hace que ya no sea negocio para nadie”, explicó.
Un problema global, no solo local
Consultado sobre posibles medidas económicas, Pereira fue claro en su diagnóstico.
“Podríamos decir que el dólar no es competitivo, que necesitamos un dólar para exportar, pero sabemos que una devaluación genera más inflación. Yo creo que no le podemos echar la culpa al gobierno. Es un problema global y no se soluciona con una devaluación”, afirmó.
El punto clave: cambiar la lógica de producción
Más allá de las variables externas, el dirigente puso el foco en lo que considera el verdadero cambio que necesita el sector: producir con mayor racionalidad.
“Tenemos que ser conscientes de que debemos sembrar menos cantidad de papa. Si sembramos menos, vamos a gastar menos y vamos a recibir más de lo que vamos a vender. Eso es lo que tendríamos que hacer”, sostuvo.
“El que siembra papa quiere seguir sembrando papa, pero le va a afectar menos sembrar un 20 o 25% menos porque después lo va a recibir con creces. No podemos sembrar porque nos hagan un contrato y después no se pueda cumplir. El que recibe el golpe es el productor”, remarcó.
Y fue aún más gráfico:
“No se puede sembrar papa por sembrar papa. Hay que sembrar la papa contratada más la que podamos vender. Nadie pone una fábrica de sombreros y produce sin tener la venta”, comparó.
El recuerdo reciente refuerza el mensaje:
“El año pasado fue un desastre, se tiró muchísima papa. No podemos repetir eso. No se puede seguir sembrando la misma cantidad si sabemos que no la vamos a consumir”, insistió.
En paralelo, el sector sigue avanzando en tecnología, un punto donde Argentina se mantiene a la vanguardia.
“El papero está al tope mundial en tecnología, la usamos cada vez más y ayuda muchísimo. Pero tenemos que ayudarla no sembrando más, sino sembrando mejor: menos, gastar menos y recuperar más”, afirmó.
En ese sentido, el relevamiento satelital aparece como una herramienta clave para ordenar el sistema productivo.
“La idea es relevar todo el país. Estamos firmando un convenio con el INTA para saber cuántas hectáreas tenemos y cuál es el consumo. De esa manera vamos a poder reorganizarnos”, explicó.
Papa semilla: una señal para lo que viene
El informe también relevó 3.329,6 hectáreas de papa semilla en el sudeste, distribuidas entre Adolfo Gonzales Chaves, San Cayetano y Tres Arroyos, un dato clave para proyectar la próxima campaña y entender la reposición del cultivo.
El 2026 aparece así como un año bisagra para la papa argentina. Menos superficie, menor producción y un contexto global desafiante, pero también una oportunidad concreta para corregir errores y avanzar hacia un modelo más eficiente.
El mensaje es claro y atraviesa toda la cadena: producir menos, pero producir mejor.
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