Más de 8 de cada 10 trabajadores tienen problemas para alimentarse durante la jornada laboral
Un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina advirtió sobre el deterioro de las condiciones de alimentación de los trabajadores en el país. En un contexto marcado por la pérdida del poder adquisitivo y el aumento sostenido del costo de vida, el estudio reveló que el 83,5% de los asalariados enfrenta algún tipo de privación alimentaria durante su jornada laboral, lo que refleja el impacto directo de la crisis de ingresos sobre la vida cotidiana.
El trabajo, realizado en base a la encuesta “Alimentación de los Trabajadores Asalariados en Argentina”, muestra que solo el 16,5% de los empleados logra mantener una alimentación adecuada durante el horario laboral, mientras que el resto experimenta restricciones vinculadas a la cantidad o a la calidad de los alimentos que consume. En muchos casos, ambas carencias se presentan al mismo tiempo, lo que evidencia un deterioro significativo en los hábitos alimentarios.
De acuerdo con el informe, el 27,3% de los trabajadores resigna cantidad o calidad en sus comidas, mientras que el 56,2% padece simultáneamente ambas privaciones, es decir, come menos y también reemplaza alimentos nutritivos por opciones más económicas. Este fenómeno, que históricamente estaba más asociado a sectores vulnerables, comenzó a expandirse también entre trabajadores formales.

“La inseguridad alimentaria dejó de ser exclusiva de los sectores más pobres y empezó a extenderse entre trabajadores con empleo”, advirtió la investigadora del observatorio, Ianina Tuñón, quien remarcó que los ingresos de una parte importante de la fuerza laboral ya no alcanzan para cubrir el costo de la alimentación durante la jornada laboral.
El estudio también registró un aumento en la práctica de saltear comidas por razones económicas. Según el relevamiento, el 61,1% de los asalariados reconoció haber omitido al menos una comida durante el día de trabajo, mientras que el 46,7% señaló que lo hace de manera ocasional y el 14,4% admitió que esta conducta ya se volvió habitual.

Quiénes sufren más el deterioro
La problemática impacta con mayor intensidad en algunos sectores de la población. Entre los trabajadores de 18 a 29 años, por ejemplo, el 70,7% reconoce saltear comidas, un fenómeno que el informe vincula con los salarios iniciales más bajos y mayores niveles de precariedad laboral en las primeras etapas del empleo. Asimismo, la probabilidad de enfrentar ambas privaciones alimentarias es más alta entre mujeres (60,1%) y trabajadores jóvenes (66,8%), además de presentar mayores niveles en regiones como el NOA y el NEA.
Las diferencias también aparecen según el tipo de empleo. Mientras que los profesionales y directivos registran menores niveles de privación, los trabajadores no calificados y quienes se desempeñan en unidades productivas pequeñas presentan mayores dificultades para sostener una alimentación adecuada durante la jornada. El informe incluso señala una situación particularmente delicada en el sector público, donde el 70% de los empleados enfrenta simultáneamente problemas de cantidad y calidad en su alimentación, frente al 50,3% registrado en el sector privado.
El nivel de ingresos es otro factor determinante. Entre quienes perciben hasta $800.000 mensuales, el 68,8% sufre ambas privaciones alimentarias, mientras que el porcentaje desciende al 31,6% entre quienes superan los $2.000.000. A su vez, el nivel educativo también marca diferencias: a medida que aumenta la formación académica, disminuye la proporción de trabajadores afectados.

El estudio también analiza cómo el entorno laboral puede influir en la calidad de la alimentación. Contar con comedor, heladera o microondas en el lugar de trabajo, así como recibir viandas o aportes económicos del empleador, se asocia con mejores hábitos alimentarios, mayor regularidad en las pausas y menores niveles de privación.
En ese sentido, el informe destaca que solo el 44,4% de los asalariados recibe algún tipo de apoyo del empleador para la alimentación, generalmente en los sectores con mejores condiciones laborales. Por el contrario, la mayoría de los trabajadores debe resolver por su cuenta la comida durante la jornada, en un contexto donde el precio de los alimentos continúa en aumento.
Ante este escenario, el 69% de los trabajadores considera que sería útil recibir una contribución diaria de aproximadamente $10.000 destinada a la alimentación, un monto que se aproxima al gasto promedio que enfrentan actualmente durante el día laboral. La mitad de los encuestados señaló que utilizaría ese ingreso adicional para comprar alimentos de mejor calidad y prepararlos en sus casas, priorizando la salud y la economía familiar.
Para los investigadores del observatorio, los resultados del informe evidencian un diagnóstico preocupante sobre la situación social. “El hecho de que solo el 16,5% de la fuerza laboral esté libre de privaciones alimentarias constituye una señal clara del deterioro del salario real y de la insuficiencia de los ingresos para sostener un estándar básico de vida digna”, concluye el estudio.
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