Publicación pedida
General Manuel Belgrano
Le escribo en el Día de la Bandera, esa bandera que usted imaginó cuando todavía no existía la certeza de una Nación, pero sí la convicción profunda de que estas tierras merecían ser libres.
Le escribo desde la Argentina de nuestros días. Desde los campos, los pueblos y las comunidades rurales donde aún late una parte esencial de la Patria que usted ayudó a construir. Le escribo como mujer rural, productora agropecuaria, dirigente y presidenta de una organización que trabaja para visibilizar y fortalecer el papel de las mujeres de la ruralidad argentina. Pero, sobre todo, le escribo como argentina.
Y le escribo para agradecerle.
Gracias por haber entregado su vida al servicio de una causa más grande que usted mismo. Gracias por haber renunciado a la comodidad, a los privilegios y a los intereses personales para abrazar el incierto destino de una Patria que todavía estaba naciendo. Gracias por haber demostrado que el amor a la tierra no se declama, sino que se ejerce con honestidad, sacrificio y vocación de servicio.
Hay algo que me conmueve profundamente cada vez que repaso sus cartas y su historia. No encuentro en ellas la búsqueda de gloria personal ni de reconocimiento. Encuentro a un hombre dispuesto a dar más de lo que recibía, a servir más de lo que exigía y a pensar primero en la Patria y después en sí mismo.
Tal vez por eso, quienes habitamos esta Argentina sentimos muchas veces una mezcla de orgullo y de una dolorosa sensación de no haber estado siempre a la altura.
Orgullo por pertenecer a la Nación que usted ayudó a forjar. Orgullo por la bandera que nos une más allá de nuestras diferencias. Orgullo por la valentía de aquella generación que, en medio de la incertidumbre, fue capaz de soñar un país libre.
Y también una profunda interpelación. Porque no siempre hemos sabido honrar semejante sacrificio. Porque muchas veces pareciera que seguimos persiguiendo intereses individuales mientras se nos escapa el bien común. Porque discutimos más de lo que escuchamos, dividimos más de lo que unimos y olvidamos que la libertad que hoy disfrutamos fue conquistada por hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a perderlo todo para legarnos una Patria.
Usted escribió alguna vez que no buscaba glorias, sino la unión de los americanos y la prosperidad de la Patria. Más de dos siglos después, esas palabras siguen interpelándonos. Porque la unión continúa siendo una deuda pendiente y la prosperidad aún no alcanza a todos los argentinos.
También quiero decirle que las mujeres hemos avanzado. Hoy estudiamos, producimos, lideramos organizaciones, participamos en la vida pública y ocupamos espacios que en su tiempo parecían impensados. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer.
Quizás por eso las mujeres rurales encontramos inspiración en usted. Porque cuando casi nadie hablaba de nosotras, usted ya comprendía la importancia de la educación de las mujeres y el valor de su aporte para el desarrollo de la sociedad. Entendía que una Nación no podía crecer dejando a parte de su pueblo al margen de las oportunidades.
Desde la ruralidad argentina vemos cada día mujeres que sostienen familias, producen alimentos, emprenden, educan, cuidan y construyen comunidad. Mujeres que durante generaciones trabajaron en silencio y cuyo aporte recién comienza a recibir el reconocimiento que merece. Por ellas trabajamos. Porque estamos convencidas de que una Patria más justa también es aquella que reconoce y valora a quienes durante demasiado tiempo permanecieron invisibles.
General, quienes vivimos en el interior sabemos que la Argentina profunda sigue esperando respuestas. Sabemos que todavía sobra escritorio y falta territorio. Que aún quedan caminos por recorrer, desigualdades por corregir y puentes por tender. Pero también sabemos que la esperanza sigue viva en millones de argentinos que cada día trabajan, producen, enseñan, cuidan y apuestan por un futuro mejor.
Por eso, en este Día de la Bandera, más que homenajear un símbolo, queremos honrar los valores que le dieron origen: la honestidad, la austeridad, el compromiso, la valentía y el amor sincero por la Patria.
Porque la bandera no es solamente un paño celeste y blanco que flamea en nuestras escuelas, plazas y campos. Es el recordatorio permanente de una responsabilidad: la de construir una Argentina más digna del sacrificio de quienes nos dieron la libertad.
No sé si hemos sabido honrar plenamente el país que usted soñó. Pero puedo asegurarle que todavía hay argentinos y argentinas que lo intentan. Que en cada escuela rural, en cada productor que apuesta al trabajo, en cada docente que educa, en cada mujer que abre camino para otras, sigue viva la Argentina que usted imaginó.
Y mientras esa esperanza exista, la bandera seguirá siendo mucho más que un símbolo.
Seguirá siendo una promesa.
Con respeto, gratitud y la emoción profunda de sentirme argentina,
Patricia Gorza
Presidenta de Mujeres de la Ruralidad Argentina
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