Un tambo para el siglo XXI: 300.000 litros diarios y 96 robots

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Arenaza es una localidad del partido de Lincoln, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. Tiene poco más de 2.000 habitantes, una plaza central, comercios de barrio y el ritmo tranquilo de los pueblos rurales de la pampa húmeda. Pero en los campos que rodean el casco urbano se están terminando de levantar cuatro galpones de dimensiones industriales, 236 metros de largo por 84 metros de ancho cada uno, que en conjunto cubrirán ocho hectáreas de tierra. Son tan grandes que cada uno equivale a más de una manzana completa de cualquier ciudad argentina.

Adentro no habrá maquinaria pesada ni depósitos de granos. Habrá vacas. Unas 6.000 en total, de la raza Holando, viviendo permanentemente bajo techo, alimentadas de manera continua, monitoreadas por sensores digitales y ordeñadas, cuando ellas lo decidan, por robots. Casi un centenar de ellos.

Es el megatambo del Grupo Duhau, y cuando alcance su plena capacidad operativa, prevista para los primeros meses de 2027, producirá hasta 300.000 litros de leche por día. Para tener una referencia: eso equivale a cerca del 1% de toda la producción lechera diaria de la Argentina, concentrada en un único establecimiento.

Alberto Duhau: el hermano que se fue al mar y volvió con una idea
El Grupo Duhau es uno de los emporios agropecuarios más importantes del país. Su cara pública es Enrique Duhau, figura conocida en el mundo de los negocios rurales. Pero el cerebro detrás de este proyecto es Alberto, el hermano menos conocido, y por razones muy concretas: hace cincuenta años que vive fuera de la Argentina, navegando a bordo de un velero por los océanos del mundo y dedicándose a la producción de leche de búfala en Venezuela.

Fue Alberto quien convenció al resto de la familia de dar el salto más audaz de su historia empresarial. El plan lo diseñó él mismo, después de recorrer mega establecimientos lecheros en Estados Unidos, Canadá y Chile. Lo que vio en esos viajes lo convenció de que el modelo de confinamiento total, vacas que nunca salen al campo, que viven en galpones climatizados y son ordeñadas por robots, no solo era técnicamente superior al tambo tradicional pastoril argentino, sino también más rentable, más sustentable y, paradójicamente, más respetuoso del bienestar animal.

La familia ya tenía presencia en el sector lechero: cuatro tambos convencionales con unas 2.500 vacas en producción. Este proyecto no reemplaza esa actividad sino que la multiplica y la transforma radicalmente. Muchas de esas vacas que hoy pastan en potreros serán gradualmente incorporadas al sistema bajo techo.

Qué hay adentro de esos galpones: tecnología que no se había visto en el país
Los cuatro galpones, dos ya terminados y dos en construcción, se asientan sobre una plataforma de cemento ligeramente inclinada, con una pendiente del 2% desde el centro hacia los bordes. Esa pendiente permite que el sistema de lavado automático de los pisos —conocido como flushing— escurra sin dificultad los desechos de los animales. Para lograr ese desnivel se movieron 310.000 metros cúbicos de tierra, equivalentes a 22.000 viajes de camión.

Las camas donde descansan las vacas están hechas de arena, un material que puede parecer sorprendente pero que resulta ideal para el bienestar del animal: es fresco, no acumula bacterias con la misma facilidad que otros materiales y proporciona una superficie de apoyo similar a la del suelo natural. El sistema de tratamiento de efluentes recupera esa arena para reutilizarla, recicla el agua del lavado y convierte los sólidos orgánicos en biofertilizante, que luego se aplica en los propios cultivos del campo. Todo el circuito funciona de manera automatizada y se alimenta, en parte, con energía solar.

En verano, aspersores de agua y ventiladores industriales mantienen la temperatura interna dentro de rangos confortables para los animales. Hay sectores diferenciados para vacas en distintas etapas productivas, y una «maternidad» —instalada en un galpón independiente de una hectárea— donde nacen y se crían las terneras que repondrán el rodeo en el futuro.

Pero el elemento más llamativo, el que convierte este tambo en un caso sin precedentes en el continente, son los robots de ordeño. Hay 24 por cada galpón, ubicados estratégicamente en el centro de cada nave. Al completarse los cuatro galpones, el establecimiento contará con 96 robots en total, todos de la marca holandesa Lely, la empresa que inventó esta tecnología hace más de treinta años.

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