Afinando los números de la fina: la nutrición define el potencial del trigo y la cebada
Con perfiles de suelo con muy buena disponibilidad hídrica en gran parte del país, desde Fertilizar Asociación Civil advierten que estamos ante la posibilidad de tener otra campaña record donde el manejo nutricional será determinante para alcanzar los rendimientos esperados, mejorar la calidad y maximizar la rentabilidad de cara a la siembra de la fina 2026.
En una reunión de prensa, representantes de Fertilizar Asociación Civil señalaron que la campaña fina 2026 presenta un escenario muy favorable para el desarrollo de los cultivos de invierno, especialmente por la excelente condición hídrica registrada en gran parte de las regiones productivas del país.
Actualmente, los perfiles de suelo muestran entre un 80 y un 100 % de agua útil disponible en la mayoría de las zonas agrícolas, una situación que genera condiciones muy positivas para que el trigo exprese altos potenciales de rendimiento y reduzca significativamente el riesgo productivo.

La apertura del evento estuvo a cargo de María Fernanda Gonzalez Sanjuan y Roberto Rotondaro, gerente ejecutiva y presidente respectivamente de Fertilizar AC, quienes destacaron que cuando el agua deja de ser el principal factor limitante, la nutrición pasa a ocupar un rol central en la definición del rendimiento y la calidad del cultivo. “Hoy la humedad no va a ser la limitante y la campaña dependerá de la ‘IA’: la ingeniería agronómica que apliquemos», aseveró González Sanjuan.
Además, Rotondaro apuntó que la atención está puesta en “la evolución de los precios de los commodities, y como estos (fertilizantes y granos) van acoplándose en la dinámica que genera el escenario internacional» en el marco de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que afecta el mercado de combustibles y de fertilizantes.
En este contexto, remarcaron la importancia de avanzar hacia estrategias de fertilización eficientes y balanceadas, que contemplen no solo nitrógeno, sino también fósforo, azufre y micronutrientes, fundamentales para que el cultivo pueda aprovechar eficientemente las condiciones ambientales favorables.

Lote con trigo en 9 de Julio durante la campaña 25-26 – Rindio 50 Q/ha
En tanto, Rotondaro tranquilizó informando que, si bien «Argentina importa cerca de 70% del fertilizante que necesita, el abastecimiento para la siembra de ‘fina’ está asegurado por la disponibilidad en plantas y lo que está en camino.
Desde Fertilizar AC machacaron que aún “las deficiencias nutricionales van a limitar el crecimiento, la generación de biomasa y la formación de granos, desaprovechando el potencial productivo que ofrece la campaña”. Por eso, enfatizaron en que es fundamental “hacer análisis de suelo” para tener diagnósticos precisos y objetivos de rendimiento y así “cerrar brechas productivas y mejorar la eficiencia económica del sistema”. También alertaron sobre el deterioro progresivo de las reservas de nutrientes en los suelos agrícolas. Las elevadas precipitaciones de los últimos meses, junto con “cosechas récord de trigo y maíz”, favorecieron procesos de lixiviación y una mayor extracción de nutrientes, profundizando el balance negativo de los sistemas productivos y dejando a los suelos desprovistos de nutrientes.
Frente a esta situación, el diagnóstico de los suelos aparece como una herramienta estratégica para definir dosis, fuentes y momentos de aplicación de fertilizantes. Sin embargo, su nivel de adopción continúa siendo bajo en Argentina. De acuerdo con los últimos relevamientos del RETAA en trigo para la campaña 2023/24, apenas el 25 % de los productores realiza análisis de suelo.
“Existe una gran oportunidad de mejora en la adopción de herramientas de diagnóstico que permitan reducir riesgos, optimizar recursos y aumentar la productividad de manera sustentable”, indicó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC.
Manejo nutricional del trigo
Ciarlo destacó que el actual contexto internacional obliga a ser aún más eficientes en el uso de los fertilizantes. En ese sentido, remarcó que una nutrición desbalanceada reduce la respuesta de los cultivos y deteriora tanto la eficiencia agronómica como económica. Además, señaló la importancia de definir correctamente el momento de aplicación, especialmente en el caso del nitrógeno, contemplando estrategias de fraccionamiento entre siembra y macollaje para acompañar mejor la demanda del cultivo y minimizar pérdidas.
Desde el punto de vista económico, el coordinador técnico de la Asociación destacó que la fertilización continúa mostrando resultados rentables aun en contextos de costos elevados, especialmente cuando las decisiones se basan en información técnica y manejo eficiente. “En un contexto de costos fijos elevados, es importante analizar la fertilización como la inversión estratégica que nos garantiza el retorno económico y hace viable la siembra de trigo y cebada en 2026”, afirmó Ciarlo.

Asimismo, advirtió sobre la necesidad de evitar situaciones como las registradas durante la campaña pasada, donde muchos lotes sufrieron pérdidas de calidad comercial por bajos niveles de proteína. En campañas con alto potencial productivo, una nutrición adecuada y balanceada resulta fundamental no solo para maximizar rendimiento, sino también para sostener parámetros de calidad que impactan directamente en el valor del grano.
Hay que considerar también que una correcta nutrición del trigo genera beneficios adicionales sobre la soja de segunda, mejorando la disponibilidad residual de nutrientes como el fosforo y el azufre aportando mayor estabilidad al sistema productivo.
Ciarlo mostró el impacto económico de ajustar la fertilización. Para un planteo de trigo con rendimiento esperado de 3.000 kg/ha sin fertilizar y un potencial de 5.000 kg/ha con aplicación de nitrógeno, el margen entre medir y fertilizar frente a no hacerlo alcanza los 220 dólares por hectárea. El costo de diagnóstico (muestreo y análisis) es de alrededor de “apenas 5 dólares por hectárea. No reviste discusión el costo del análisis”, dijo.
La relación insumo-producto también sigue siendo favorable pese al aumento de costos. Actualmente se requieren 8,9 kg de trigo para comprar 1 kg de nitrógeno (contra 6,3 antes del conflicto internacional), pero cada kilo aplicado genera en promedio 20 kg de trigo. En fósforo, la relación de precios es de 20 kg de trigo por kilo de fósforo, con una respuesta media de 50 kg de grano por kilo aplicado, 2 veces y media más que el costo del nutriente.
Al llevar estos datos a planteos concretos, con un precio de trigo de 230 dólares por tonelada y fertilizantes como urea en torno a 940 dólares, el incremento de rendimientos marca diferencias. Pasar de dosis promedio a dosis optimizadas puede generar un aumento del Margen Bruto del orden del 25% según zonas productivas.
¿Qué pasa con la cebada?
En el encuentro, Pablo Prystupa de la FAUBA, se refirió a la nutrición de cebada, y cómo la fertilización afecta la calidad del producto para los distintos usos (cervecera y forrajera).
El especialista aclaró que el manejo de la fertilización en cebada presenta el dilema de equilibrar rendimiento y calidad según el destino del cultivo, para lo cual la nutrición nitrogenada es determinante tanto para la producción como para el contenido proteico del grano.
En el caso de la cebada cervecera, la calidad está directamente asociada al nivel de proteína. Los estándares comerciales establecen un rango entre 10% y 12% de proteína, ya que valores por fuera de ese intervalo reducen el rendimiento industrial de la malta y afectan la calidad de la cerveza.

Lote con cebada en 9 de Julio -campaña 25-26
A diferencia de otros cultivos, el objetivo no es maximizar el rendimiento, sino lograr un equilibrio. “Se debe fertilizar para la proteína y no para el rendimiento cuando el destino es maltería”. En este orden, describió que para pasar de 10% a 12% de proteína se requieren entre 23 y 43 kg de nitrógeno por tonelada de grano. Cada punto porcentual adicional implica aproximadamente 9,5 kg de nitrógeno por tonelada, equivalente a unos 20,5 kg de urea.
En el lote, una cebada con un rendimiento de 4.000 kg/ha necesita alrededor de 82 kg de urea para aumentar un punto de proteína, con un costo estimado de 78 dólares por hectárea.
Además de la dosis, el momento de aplicación también incide en el resultado. Las aplicaciones en siembra y al macollaje impactan tanto en rendimiento como en proteína, mientras que, en etapas más avanzadas, como espigazón, el efecto se concentra exclusivamente en mejorar el contenido proteico. En este sentido, la fertilización tardía y/o foliar aparecen como una herramienta para corregir desvíos de calidad.
El uso de tecnologías como sensores de verdor (SPAD) o índices de vegetación (NDVI) permite ajustar las decisiones en tiempo real, mejorando fuertemente la estimación tanto del rendimiento como del nivel de proteína y la necesidad de nitrógeno adicional.

Ciarlo, González San Juan, Prystupa y Rotondaro, este ultimo presidente de Fertilizar
Para la cebada forrajera, en cambio, el foco está puesto principalmente en maximizar el rendimiento, con menor exigencia en calidad proteica, lo que permite estrategias de fertilización más orientadas a volumen que a parámetros industriales.
En síntesis, la fertilización en cebada no admite recetas únicas: depende del destino del cultivo y exige ajustar dosis, momentos y objetivos. En el caso de la cebada cervecera, la calidad manda y el nitrógeno se convierte en la variable clave para cumplir con los estándares del mercado.
“Si hay agua, manda la nutrición”
Con perfiles bien cargados de agua que garantizan los potenciales de rendimiento y suelos agotados desde el punto de vista nutricional, desde Fertilizar AC concluyen que la posibilidad de “una nueva campaña récord” estará condicionada por la disponibilidad de nutrientes -principalmente nitrógeno, fosforo y azufre- donde la fertilización balanceada será clave para expresar rendimiento, calidad y rentabilidad.
Deja un comentario










